3 de Mayo de 2008
Nuestro tercer día entre olivos comienza con una caminata llena de sensaciones, un paseo muy agradable entre árboles milenarios que guardan con su sombra los secretos de la vida del bosque, aves que vigilan desde el cielo nuestros pasos, ojos que se esconden curiosos, entre la alta vegetación propiciada por una primavera exuberante y húmeda, el cielo como techo y el suelo como aventura, al fondo una cascada de agua color turquesa, recogida por siglos de glaciar vencido al verano.
Y cuando ese paseo termina, otra oportunidad para los valientes, la aventura continúa unos kilómetros mas para llegar a un oasis de paz, un yacimiento arqueológico, que por supuesto visitamos y nos llena de recuerdos para la posteridad, y esos valientes, ya descansados, nos describen la riqueza del final del camino a quienes preferimos esperar tumbados, vista al cielo, a la orilla del río
Nos dirigimos a un lugar secreto para degustar una maravillosa comida a base de raciones típicas de la tierra que nos descubrirán sabores de otros tiempos, y tan barata que se propicia la unanimidad.
Que recuerdo imborrable nos deja esa comida entre amigos, nos sirve una horda de camareros especialmente orgullosos de su origen, que se afanan para que nos sintamos hijos de la tierra hasta el final, nos sacaron el café a la terraza, en la que corría una suave brisa y nos sentimos tan llenos de un ánimo creciente de solidaridad que nos unimos a una, como los mosqueteros, para expresar nuestra opinión por tan exquisito trato. Ese sentimiento unió nuestros corazones hasta hacer nuestro, un sentir general, se resume en pocas palabras: .- ¡ Alcaudete, ……. coge papel, jabón, caga, y vete!.
Ya reconfortados por haber cubierto una nueva etapa del camino mozárabe nos dirigimos hasta Alcalá la Real para adentrarnos, después de una sinuosa y ascendente senda que deja al descubierto puertas y carnicería, al corazón de una fortaleza árabe, un cuidado y restaurado lugar ganado al olvido que fue cuna de unos y de otros, según soplaba al viento, y con el permiso de las nubes que jugaban con la vida de sus moradores enviando agua o secando sus aljibes.
Lo mas impresionante es el sistema de vigilancia perimetral que desde la torre principal se adivina, algunas torres han sucumbido a los siglos y otras aun se mantienen en pié, como si de una partida de ajedrez se tratara, esas torres comunicaban la alarma por invasión cuando los vigilantes prendían fuego a modo de foco, las gentes corrían entonces a refugiarse dentro de la fortaleza y ahí se desarrollaban asedios que escribieron la historia de la humanidad, hasta donde alcanza la vista olivos, hasta donde llega el olor, muerte y hasta donde el corazón te toque, las lágrimas por aquellos que fueron olvidados a los pies de la fortaleza tras ofrecer su vida por alguna razón que comprometió para siempre el alma del guerrero.
Necesitamos una ducha reconfortante en nuestro hotel con encanto, creo que probaré el spa, quiero recordar las voces que chocan en la iglesia y se propagan saltando de tumba en tumba mientras los árabes y los cristianos siguen hablando, siglos después, de cada dios, en vano.
Y descansados, nos pondremos nuestras mejores galas para despedir en una cena celebración, que nos hemos conocido hace poco mas o menos un año, que somos como somos, tan distintos, que seguimos vivos y que seguimos queriendo reírnos del mundo y de nosotros mismos, sobre todo, en buena compañía. Mañana nos queda el último regalo “andalusí”.
Marta
Nuestro tercer día entre olivos comienza con una caminata llena de sensaciones, un paseo muy agradable entre árboles milenarios que guardan con su sombra los secretos de la vida del bosque, aves que vigilan desde el cielo nuestros pasos, ojos que se esconden curiosos, entre la alta vegetación propiciada por una primavera exuberante y húmeda, el cielo como techo y el suelo como aventura, al fondo una cascada de agua color turquesa, recogida por siglos de glaciar vencido al verano.
Y cuando ese paseo termina, otra oportunidad para los valientes, la aventura continúa unos kilómetros mas para llegar a un oasis de paz, un yacimiento arqueológico, que por supuesto visitamos y nos llena de recuerdos para la posteridad, y esos valientes, ya descansados, nos describen la riqueza del final del camino a quienes preferimos esperar tumbados, vista al cielo, a la orilla del río
Nos dirigimos a un lugar secreto para degustar una maravillosa comida a base de raciones típicas de la tierra que nos descubrirán sabores de otros tiempos, y tan barata que se propicia la unanimidad.
Que recuerdo imborrable nos deja esa comida entre amigos, nos sirve una horda de camareros especialmente orgullosos de su origen, que se afanan para que nos sintamos hijos de la tierra hasta el final, nos sacaron el café a la terraza, en la que corría una suave brisa y nos sentimos tan llenos de un ánimo creciente de solidaridad que nos unimos a una, como los mosqueteros, para expresar nuestra opinión por tan exquisito trato. Ese sentimiento unió nuestros corazones hasta hacer nuestro, un sentir general, se resume en pocas palabras: .- ¡ Alcaudete, ……. coge papel, jabón, caga, y vete!.
Ya reconfortados por haber cubierto una nueva etapa del camino mozárabe nos dirigimos hasta Alcalá la Real para adentrarnos, después de una sinuosa y ascendente senda que deja al descubierto puertas y carnicería, al corazón de una fortaleza árabe, un cuidado y restaurado lugar ganado al olvido que fue cuna de unos y de otros, según soplaba al viento, y con el permiso de las nubes que jugaban con la vida de sus moradores enviando agua o secando sus aljibes.
Lo mas impresionante es el sistema de vigilancia perimetral que desde la torre principal se adivina, algunas torres han sucumbido a los siglos y otras aun se mantienen en pié, como si de una partida de ajedrez se tratara, esas torres comunicaban la alarma por invasión cuando los vigilantes prendían fuego a modo de foco, las gentes corrían entonces a refugiarse dentro de la fortaleza y ahí se desarrollaban asedios que escribieron la historia de la humanidad, hasta donde alcanza la vista olivos, hasta donde llega el olor, muerte y hasta donde el corazón te toque, las lágrimas por aquellos que fueron olvidados a los pies de la fortaleza tras ofrecer su vida por alguna razón que comprometió para siempre el alma del guerrero.
Necesitamos una ducha reconfortante en nuestro hotel con encanto, creo que probaré el spa, quiero recordar las voces que chocan en la iglesia y se propagan saltando de tumba en tumba mientras los árabes y los cristianos siguen hablando, siglos después, de cada dios, en vano.
Y descansados, nos pondremos nuestras mejores galas para despedir en una cena celebración, que nos hemos conocido hace poco mas o menos un año, que somos como somos, tan distintos, que seguimos vivos y que seguimos queriendo reírnos del mundo y de nosotros mismos, sobre todo, en buena compañía. Mañana nos queda el último regalo “andalusí”.
Marta
1 comentario:
¡¡Si es que Andalusía es lo más mejor de toda España y así ocupando la toa mitad de España!! Cada minuto, paisaje, pueblo, ciudad, hombre, mujer es mejor que la anterior. Tuvimos la suerte de sufrir este in crescendo de excelencia durante cuatro días y ahora tenemos el privilegio de complacernos con este in crescendo ¿ficcional?.
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