viernes, 23 de mayo de 2008

Un puente al legado mozárabe.

















3 de Mayo de 2008

Nuestro tercer día entre olivos comienza con una caminata llena de sensaciones, un paseo muy agradable entre árboles milenarios que guardan con su sombra los secretos de la vida del bosque, aves que vigilan desde el cielo nuestros pasos, ojos que se esconden curiosos, entre la alta vegetación propiciada por una primavera exuberante y húmeda, el cielo como techo y el suelo como aventura, al fondo una cascada de agua color turquesa, recogida por siglos de glaciar vencido al verano.

Y cuando ese paseo termina, otra oportunidad para los valientes, la aventura continúa unos kilómetros mas para llegar a un oasis de paz, un yacimiento arqueológico, que por supuesto visitamos y nos llena de recuerdos para la posteridad, y esos valientes, ya descansados, nos describen la riqueza del final del camino a quienes preferimos esperar tumbados, vista al cielo, a la orilla del río

Nos dirigimos a un lugar secreto para degustar una maravillosa comida a base de raciones típicas de la tierra que nos descubrirán sabores de otros tiempos, y tan barata que se propicia la unanimidad.

Que recuerdo imborrable nos deja esa comida entre amigos, nos sirve una horda de camareros especialmente orgullosos de su origen, que se afanan para que nos sintamos hijos de la tierra hasta el final, nos sacaron el café a la terraza, en la que corría una suave brisa y nos sentimos tan llenos de un ánimo creciente de solidaridad que nos unimos a una, como los mosqueteros, para expresar nuestra opinión por tan exquisito trato. Ese sentimiento unió nuestros corazones hasta hacer nuestro, un sentir general, se resume en pocas palabras: .- ¡ Alcaudete, ……. coge papel, jabón, caga, y vete!.


Ya reconfortados por haber cubierto una nueva etapa del camino mozárabe nos dirigimos hasta Alcalá la Real para adentrarnos, después de una sinuosa y ascendente senda que deja al descubierto puertas y carnicería, al corazón de una fortaleza árabe, un cuidado y restaurado lugar ganado al olvido que fue cuna de unos y de otros, según soplaba al viento, y con el permiso de las nubes que jugaban con la vida de sus moradores enviando agua o secando sus aljibes.

Lo mas impresionante es el sistema de vigilancia perimetral que desde la torre principal se adivina, algunas torres han sucumbido a los siglos y otras aun se mantienen en pié, como si de una partida de ajedrez se tratara, esas torres comunicaban la alarma por invasión cuando los vigilantes prendían fuego a modo de foco, las gentes corrían entonces a refugiarse dentro de la fortaleza y ahí se desarrollaban asedios que escribieron la historia de la humanidad, hasta donde alcanza la vista olivos, hasta donde llega el olor, muerte y hasta donde el corazón te toque, las lágrimas por aquellos que fueron olvidados a los pies de la fortaleza tras ofrecer su vida por alguna razón que comprometió para siempre el alma del guerrero.

Necesitamos una ducha reconfortante en nuestro hotel con encanto, creo que probaré el spa, quiero recordar las voces que chocan en la iglesia y se propagan saltando de tumba en tumba mientras los árabes y los cristianos siguen hablando, siglos después, de cada dios, en vano.

Y descansados, nos pondremos nuestras mejores galas para despedir en una cena celebración, que nos hemos conocido hace poco mas o menos un año, que somos como somos, tan distintos, que seguimos vivos y que seguimos queriendo reírnos del mundo y de nosotros mismos, sobre todo, en buena compañía. Mañana nos queda el último regalo “andalusí”.

Marta

viernes, 16 de mayo de 2008

Un puente al legado mozárabe.


































2 de Mayo de 2008

El aceite de la vida, de la sonrisa, una almazara franqueada con flores que dirigen la mirada arriba evitando el suelo, un patio donde puedes escuchar el trote de los caballos tirando de carros llenos de aceitunas, mozos y mozas a buen ritmo, ellos con pañuelo en la cabeza para huir del sol y con gran cinturón al estilo de la tierra, ellas balanceando su vestido al ritmo de las caderas, con la mano descansando en ellas, recuerdo de olivos, jornada de sol a sol, les espera un rebujito.

Dentro, las tinajas a medio enterrar donde antes olía a aceite, hoy reliquia casi arqueológica, un molino con tres grandes piedras triangulares que habrán aplastado millones de kilos de sudor y sangre y un brillante sistema de filtrado que recoge la rosa del aceite, tesoro del lugar y pan de generaciones. A su lado una secuencia muy ingeniosa de capas de esparto recogen y exprimen de nuevo el suave líquido de la vida para poder embotellarlo después, toda la familia tiene su cometido y el abuelo le cuenta al nieto quien observa el proceso para que al pasar de los años él pueda mostrarlo al suyo y no se pierda el arte de exprimir la vida de un árbol de aspecto seco, sin ganas de beber ni de crecer,

Salimos con una sensación de paz, con ganas de caminar entre esos olivos, de sentir el sonido de la primavera en la cara, de compartir conversación con los compañeros de viaje….esa etapa del Camino estuvo muy agradable, sobró la última hora, claro por el calor, quizás hubiera sido toda una experiencia caminar bajo una suave lluvia, contemplar la hoja del olivo chorreando agua, brillante, deseosa de mas y mas….

Y así, llegamos a Castro del Río, después de reponer fuerzas en un bar a cargo de asustado vejete sin una sola aceituna que ofrecer con la cerveza, y sin jabón en el baño, tuvimos tiempo antes de comer para perdernos por sus rincones, buscar las flores de los patios, porque eran los patios y las cruces de Córdoba, era ese tiempo y ese lugar, y buscamos, cuesta arriba, un patio, encontramos una cruz y una señora nos enseño su patio, no había flores pero si un patio, al menos era un patio. Es que era tiempo de patios y cruces, …. no sé si lo había comentado…

El mejor sabor del día nos esperaba en una antigua almazara donde comimos, el aceite, único, mágico, solo de aceite vive el hombre, la mujer necesita pan , y ambos forman el mayor placer que sentí en todo el viaje, bueno, no cuenta el de la ducha diaria, que superar eso es casi imposible, que aceite, santa madonna de los olimpos ancestrales, y profundo océanos, ….!que aceite!.

Pensando, murmurando, comentando y riendo acerca de esa comida, menos mal, así no hablamos de la ducha, ponemos rumbo a Montilla, donde nos espera un tonelero haciendo horas extras, curiosa forma de dar forma a tan antinatural forma de tornear la madera, es una forma mas de tener en forma el vino tomando forma dentro de un tonel, educado a base de calentar y apretar y volver a calentar y convencer por la fuerza, lentamente, hasta conseguir domarlo para siempre, no me gusta mucho ese proceso si lo pienso, pero he de reconocer que en el caso de los toneles, es efectivo.

A través de los años, la madera olvida su origen y se acostumbra al olor de la fermentación que ocurre en sus entrañas, al oscuro olvido de una bodega donde el sonido del vino bien hecho, lento, seco , muy seco, resuena abriéndose paso entre telas de araña, viejas farolas y resquicios en los muros que albergan tantas conversaciones prohibidas, tanto besos ocultos, tanta pasión adornada de olores a vino y aceite.

Marta

Un puente al legado mozárabe.




1 de Mayo de 2008.
Por fin llegó el día, un estupendo puente para disfrutar al abrigo del sol andaluz, buena comida, buena bebida, y el hotel será nuestro refugio tras la caminata diaria, nuestro amable descanso…son muchos kilómetros, pero nos dicen que en cualquier caso, cambiamos los planes a voluntad, no se trata de andar por andar, no?, lo de menos es el camino, no?….mejor damos paseitos disfrutando del paisaje, verde que te quiero verde, después del invierno, ya tenemos ganas de calorcito primaveral, que hasta ahora, ni si, ni no. Ay! esa primavera cordobesa, tan suave y agradable.

Demasiada gente, ya he visto a nuestro grupo pero y los demás, hay muchos mas, perdón, como siempre, muchas mas…pero no iban a ser tres o cuatro, nada mas?….y encima tías…. No me lo puedo creer… voy a coger sitio delante que me agobio detrás… le pregunto a Paco y me dice en la primera fila va él, así que yo me pongo en la segunda y le digo, amablemente a todo el que se ponga delante que esta ocupado, yo tan maja...

Hay que ser positivos, quedan unas tres horitas de bus que pasan rápidas, y ya estaremos relajadamente deshaciendo la maleta en un hotelito con encanto a los pies de Baena, para después iniciar una marchita por el pueblo, para conocerlo, disfrutarlo y estirar un poco las piernas. Que pena no haber ido a dormir a Zuheros, el pueblo mas bonito de todos, con el hotel mas bonito de todos, estoy deseando perderme en su silencio, callejear descubriendo rincones, subir a la famosa Cueva de los Murciélagos y tener la maravillosa visión incansable de olivos y olivos cuadriculando las montañas hasta el infinito, (…y mas allá).

Hay un poco de tráfico, pero no pasa nada, como el bus lleva GPS buscamos la opción mas rápida para evitar el atasco de salida, y nos vamos por la radial, además hay que hacer varias paradas para recoger viajeras, …que casualidad como el Ave…que bien, lo mismo pasamos por Guadalajara, Cuenca, Ciudad Real y Jaén…..

Llegaremos a comer y como vamos “pa´l sur” el aire acondicionado un poquillo fuerte que delante hace calor y hablando de disparates… el conductor del bus bota mucho, a cada bache parece que va a quedarse empotrado en el techo, vaya amortiguación, espectacular, y además no suelta las manos del volante…..

Nuestro particular guía particular nos sorprende con una comida campera, en una vieja estación de tren, con tren y motos, muchas motos, sin jabón pero con perros enormes y escuálidos, sin jabón pero con carteles en japonés, sin jabón pero con raciones de mucha comida, un trato exquisito, pero sin jabón, en ningún sitio había jabón…. (A ver, es que hay poco agua en España, y en Córdoba menos, por tanto, si quitas el jabón de los cuartos de baño evitas gasto, ah!!, eso va a ser, no es un problema de guarrería supina, es inteligencia mayestática o de otra forma dicho que no escrito, “survaiving”).

Baena, por fin llegamos, (lo que ocurrió entre la comida y la llegada a Baena, no consigo recordarlo muy bien, seguramente por el bajón de tensión instantáneo que creo sufrí, el estado de consciencia mezclado con el de inconsciencia…..creo que caminamos, creo que sudamos, creo que vimos unos bichos con largas alas violáceas que hacían un ruido espantoso, creo que hablamos de pollas de agua, creo que hacía sol, creo que había un lago con verde vegetación, oasis o espejismo, ya no sé si era o fue, yo ni fui, ni era.

Lo único que mi alma desea en este momento es una buena ducha antes de cenar, una copa de vino en el saloncito antes de cenar y una buena cama en la que descansar, hasta mañana que descubriremos en nuestro segundo día de puente, la inmensa y rica fisonomía andaluza, con su diversa flora, su fauna y su relieve.

Marta