Del día que da título a nuestro relato Confusión con las fronteras
El día 3 fue un día de naturaleza y de tesoros literarios. El día comenzó adentrándonos en la llamada montaña palentina, aunque nuestro destino era el valle cántabro de Saja-Nansa. La llamada montaña palentina nos ofreció un paisaje escarpado y unas
temperaturas muy frías. ¡Ay! Qué frío voy a pasar hoy, fui mi único pensamiento durante la primera parada de la mañana, en un valle de la montaña palentina ¿o acaso ya era cántabra?, delineado con trazos rectos y angulosos, medio valle al sol y medio a la sombra. Se disfrutó poco de la vista del valle, hacía demasiado frío y no apetecía ni sacar la cámara del bolsillo. Algunos, sin embargo, se atrevieron a desafiar el frío y entraron en la sombra del valle, que les regaló un magnífico espejo.
Pero ¿dónde termina Palencia? La frontera no está clara, cuando quise darme cuenta ya estaba en Cantabria. Pero no solo habíamos pasado la frontera entre Palencia y Cantabria, atravesamos la frontera entre el otoño de siluetas nudosas y de pálidos colores ocres y el otoño primaveral, el de colores verdosos y de hayedos mostrando su esplendor cromático, de vacas pastando, sean tudancas sean pasiegas (o las familiares “marroncitas” con sus terneritos también marroncitos). El paso de la frontera nos devolvió a un paisaje sin estridencias, de líneas suaves y acogedoras, donde muchos nos encontramos y nos descubrimos. El frío que amagaba al inicio del día simplemente desapareció.
Tudanca y Carmona
En terreno y sensaciones conocidas, nos dirigimos a Tudanca, a la casa-museo José María de Cossio. Nadie puede negar que:
- La Casona de Tudanca se localiza en el pueblo del mismo nombre en un paisaje de alta montaña en la Cuenca del río Nansa en la parte occidental de Cantabria. Fue construida a mediados del siglo XVIII por orden de Pascual Fernández de Linares, indiano natural de Tudanca que amasó grandes riquezas en Perú. Es además el escenario histórico de la novela Peñas Arriba de José María de Pereda. (http://www.acamfe.org/acamfe/autor/cossio.htm)
Con estos datos, la casona-museo puede tener el mismo interés que cualquier museo temático-local. Pero la casa posee un patrimonio intangible de valor incalculable. Allí se podía percibir la esencia de uno de los mejores momentos la literatura española, la impronta que dejaron Lorca, Alberti, Gerardo Diego, Miguel Hernández e incluso Manolete y la personalidad de alguien que estuvo siempre en el centro de la vida cultural de este país (en épocas claras y en épocas oscuras), aunque al final se le conozca por su enciclopedia taurina. Como en la mina, no se permitía hacer fotos, pero es indiferente, el verdadero valor del museo es su patrimonio intangible y esto no se puede fotografiar.
Tudanca es un pueblo bonito y pintoresco, muy bien conservado, declarado monumento histórico-artístico por la autoridad competente (el ministerio de cultura, lo más seguro), así que podemos dormir tranquilos puesto que nadie podrá construir una urbanización con pistas de pádel y pareados en Tudanca. No es el único pueblo del valle con estas características y esta medida de protección. Carmona, nuestro próximo destino, también es un pueblo declarado monumento histórico-artístico, bonito y pintoresco, con casonas de piedra, geranios y mazorcas de maíz en los balcones.
¡Uff, qué comilona! Habrá que bajarla con una buena caminata
Dejamos atrás Carmona para ir hacia la Bárcena Mayor por una ondulada carretera de curvas suaves y curvas pronunciadas (ideales para disfrutar del paisaje o para revolver las entrañas). De nuevo, corríamos a contraluz, eran más de las 2, había que comer, había que llegar a Bárcena y había que hacer una ruta por un bosque de hayas –el árbol misterioso, el árbol atlántico en la península mediterránea. A pesar de tener el tiempo en contra, dedicamos dos hora a la comida: fabes, sopa, ensalada, ternera, lomo, huevos fritos con chorizo, flan, mousse, tarta de queso, café, poleo y un bajativo para terminar: dos horas para comer y dos días para digerirlo! A las cuatro de la tarde, con cierta sensación de prisa, llegamos a Bárcena Mayor, otro bonito pueblo, también declarado monumento histórico-artístico al lado del río Argoza donde tuvo lugar un maravillo paseo por el bosque.
Como casi todo en este viaje, el paseo por el bosque no fue lo que esperábamos: un paseo llano, sin sobresaltos, algo frío por la umbría propia del bosque, una senda bien delineada, clara y seca entre hayas, robles y musgo, y el sosiego del paseo que dejaría lugar para una agradable conversación. Pero no fue así. La belleza del bosque nos sorprendió, pero también nos sorprendió la intransitibilidad del camino: barro y hojas mojadas de castaños, piedras movedizas, terreno farragoso, riachuelos de agua cortando el camino, troncos atravesados en la senda. El agua ganaba terreno a la senda y nos dificultaba el paso. Pero merecieron la pena las acrobacias y malabares que tuvimos que hacer para sortear todos los obstáculos que colocó el agua en las sendas del bosque. Bastaba con levantar la vista y mirar a nuestro alrededor para olvidarnos de las acrobacias y de los pies mojados y reconocer que gracias al agua el bosque pudo mantener su morfología, sus colores y su exuberancia. La luz se agotaba, había que salir del bosque pronto. De nuevo, tuvimos cierta sensación de prisa.
La luz y el paseo terminaron y con ellos terminó el día. A pesar de que sólo eran las seis de la tarde, el día 3 parecía no poder ofrecer más sorpresas. Quedaba pasar la frontera cántabro-palentina, dejar atrás Cantabria y volver a Palencia. Intuíamos que iba a ser un viaje largo, ¿una hora, dos horas?, nos llevamos al autocar los pies mojados, el cansancio y una digestión a medio hacer. Afortunadamente, pudimos parar en Reinosa para tomar una infusión, un café, ir a la misa de los sábados en la iglesia de San Sebastián, mirar escaparates, querer comprar unos buñuelos, buscar las causas del llamado Síndrome del Camino de Santiago o escuchar al río Ebro. Pero Reinosa no fue más que un alto en el camino, pasajero y efímero, nuestro destino era Cervera del Pisuerga.
Sábado noche
Recapitulemos: en el día 1 unos cuantos se aventuraron en la noche cerverana. Al día siguiente, no repitieron. En el día 2 fueron otros los que quisieron darse a los placeres
nocturnos. Decidieron no repetir. ¿Qué hacer? Un encuentro social en el hall de hostal, nosotros solos, sin la presencia distorsionadora de la noche cerverana. Disfrutamos de “vulgares cocacolas”, de conflictos generacionales, de asociaciones contradictorias como la “envidia sana” (!), de palabras improvisadas con ritmo, sentimiento y musicalidad. ¿Qué más se pudo pedir a la noche cerverana? Nada. Aquí terminó el día y la noche del día 3.
Fin del día 3
PS1: Sólo hay dos fotos en el relato del día. Una de ellas es de un rincón que poca gente vio y la otra es la única aparición de las personas que estuvieron allí presentes y a las que deliberadamente no he mencionado a lo largo de la crónica de este viaje. Sirva esta fotografía como mención y reconocimiento a estas personas.
PS2: No sé bien el motivo de que me ha llevado a no poner más fotografías. Quizás sí sean necesarias.