viernes, 7 de diciembre de 2007

NOCHEVIEJA


Queridos todos/todas:


Como la avalancha de la Navidad se acerca a nosotros cual pila de troncos deslizantes, amenazando con laminarnos a modo de recortables de papel, ha llegado el momento de plantearse los grandes interrogantes de la vida: ¿ Quienes somos ?, ¿ De donde venimos ?, ¿ A donde vamos ?, ¿ Que vamos a hacer en Nochevieja ???? .....


Los anteriores interrogantes los dejaremos para mejor ocasión, y vamos a "focalizarnos" en el último punto que se encuentra más cercano a nuestra experiencia vital.


Hasta el momento sólo se ha planteado la posibilidad de ir de juerga trás las uvas a "MOMA". Otras opciones como cenar en el restaurante MOMA u otros lugares no han sido bién establecidas.


Aprovechando este foro, sugiero que pongais vuestras propuestas con la mayor rapidez y a continuación pasemos a votarlas de la manera más democrática posible ......


Por favor, añadir vuestros comentarios antes del miércoles y vamos a mover esto deprisita-deprisita que el tiempo es oro y se nos está echando encima !!!


Muchas gracias y ... YA ESTAIS TARDANDO !!! ;-)

domingo, 25 de noviembre de 2007

Día 4

Inevitablemente, el día de la vuelta

Hasta el momento, la etiqueta “montaña palentina” me parecía más bien un reclamo turístico que un área con verdadero interés paisajístico. El paisaje palentino es sobrio y austero, como el paisaje lunar del día 1, roto por los bosques de galería, estrechos y efímeros, como los oasis en el desierto. Así, habían pasado ya tres días y aún no había percibido la presencia de la llamada “montaña palentina”, solo se percibía la austeridad castellana y esteparia del paisaje palentino. Fue durante el día 4, el último del viaje, cuando la llamada montaña palentina se dignó a mostrarse. Unos vieron una montaña de bosques esplendorosos, mientras que otros vieron la continuación del paisaje estepario en la montaña nada más que poblado de árboles de ramas desnudas y nudosas.

Pudimos observar, apreciar o criticar la montaña palentina durante la ruta a la Fuente del Cobre, donde se supone que nace el río Pisuerga, aquel que cruzamos una y otra vez durante estos cuatro días aunque no lo haya mencionado nada más que una vez. Fue una marcha bastante heterogénea, por caminos de tierra, campo a través, por senderos cubiertos de las hojas recién caídas, todo ello con un desnivel de unos 400 metros, concentrado en los últimos 500 metros. Decían que se respiraba un aire muy limpio. Llegamos a la Fuente del Cobre o, lo que es lo mismo, la cueva donde nacen unos hilitos de agua, que curiosamente apenas se veían pero sí se oían. Después de la cueva, hubo que desandar lo andado: un pronunciado desnivel descendiente (¡cuidado con las rodillas!), un manto resbaladizo de hojas caducas, un paseo por los prados donde pastan tranquilamente vacas castellano-leonesas (¡pues no solo va a haber vacas en Asturias!), y un largo camino de tierra sin apenas dificultad.

La marcha terminó, la mañana también y aunque aún quedaba una iglesia por visitar, se podía dar por terminado el viaje del puente de todos los santos. Solo quedaba comer y regresar.

No voy a decir mucho sobre el regreso, puesto que cada persona vive el acto del regreso de una manera distinta. Unos no quieren llegar nunca, otros, en cambio, desean llegar enseguida. Regresar es una vivencia muy íntima.


FIN DEL DÍA 4, DEL VIAJE Y DE ESTA CRÓNICA

sábado, 24 de noviembre de 2007

Día 3

Del día que da título a nuestro relato

Confusión con las fronteras

El día 3 fue un día de naturaleza y de tesoros literarios. El día comenzó adentrándonos en la llamada montaña palentina, aunque nuestro destino era el valle cántabro de Saja-Nansa. La llamada montaña palentina nos ofreció un paisaje escarpado y unas temperaturas muy frías. ¡Ay! Qué frío voy a pasar hoy, fui mi único pensamiento durante la primera parada de la mañana, en un valle de la montaña palentina ¿o acaso ya era cántabra?, delineado con trazos rectos y angulosos, medio valle al sol y medio a la sombra. Se disfrutó poco de la vista del valle, hacía demasiado frío y no apetecía ni sacar la cámara del bolsillo. Algunos, sin embargo, se atrevieron a desafiar el frío y entraron en la sombra del valle, que les regaló un magnífico espejo.

Pero ¿dónde termina Palencia? La frontera no está clara, cuando quise darme cuenta ya estaba en Cantabria. Pero no solo habíamos pasado la frontera entre Palencia y Cantabria, atravesamos la frontera entre el otoño de siluetas nudosas y de pálidos colores ocres y el otoño primaveral, el de colores verdosos y de hayedos mostrando su esplendor cromático, de vacas pastando, sean tudancas sean pasiegas (o las familiares “marroncitas” con sus terneritos también marroncitos). El paso de la frontera nos devolvió a un paisaje sin estridencias, de líneas suaves y acogedoras, donde muchos nos encontramos y nos descubrimos. El frío que amagaba al inicio del día simplemente desapareció.

Tudanca y Carmona

En terreno y sensaciones conocidas, nos dirigimos a Tudanca, a la casa-museo José María de Cossio. Nadie puede negar que:

  • La Casona de Tudanca se localiza en el pueblo del mismo nombre en un paisaje de alta montaña en la Cuenca del río Nansa en la parte occidental de Cantabria. Fue construida a mediados del siglo XVIII por orden de Pascual Fernández de Linares, indiano natural de Tudanca que amasó grandes riquezas en Perú. Es además el escenario histórico de la novela Peñas Arriba de José María de Pereda. (http://www.acamfe.org/acamfe/autor/cossio.htm)


Con estos datos, la casona-museo puede tener el mismo interés que cualquier museo temático-local. Pero la casa posee un patrimonio intangible de valor incalculable. Allí se podía percibir la esencia de uno de los mejores momentos la literatura española, la impronta que dejaron Lorca, Alberti, Gerardo Diego, Miguel Hernández e incluso Manolete y la personalidad de alguien que estuvo siempre en el centro de la vida cultural de este país (en épocas claras y en épocas oscuras), aunque al final se le conozca por su enciclopedia taurina. Como en la mina, no se permitía hacer fotos, pero es indiferente, el verdadero valor del museo es su patrimonio intangible y esto no se puede fotografiar.

Tudanca es un pueblo bonito y pintoresco, muy bien conservado, declarado monumento histórico-artístico por la autoridad competente (el ministerio de cultura, lo más seguro), así que podemos dormir tranquilos puesto que nadie podrá construir una urbanización con pistas de pádel y pareados en Tudanca. No es el único pueblo del valle con estas características y esta medida de protección. Carmona, nuestro próximo destino, también es un pueblo declarado monumento histórico-artístico, bonito y pintoresco, con casonas de piedra, geranios y mazorcas de maíz en los balcones.

¡Uff, qué comilona! Habrá que bajarla con una buena caminata

Dejamos atrás Carmona para ir hacia la Bárcena Mayor por una ondulada carretera de curvas suaves y curvas pronunciadas (ideales para disfrutar del paisaje o para revolver las entrañas). De nuevo, corríamos a contraluz, eran más de las 2, había que comer, había que llegar a Bárcena y había que hacer una ruta por un bosque de hayas –el árbol misterioso, el árbol atlántico en la península mediterránea. A pesar de tener el tiempo en contra, dedicamos dos hora a la comida: fabes, sopa, ensalada, ternera, lomo, huevos fritos con chorizo, flan, mousse, tarta de queso, café, poleo y un bajativo para terminar: dos horas para comer y dos días para digerirlo! A las cuatro de la tarde, con cierta sensación de prisa, llegamos a Bárcena Mayor, otro bonito pueblo, también declarado monumento histórico-artístico al lado del río Argoza donde tuvo lugar un maravillo paseo por el bosque.

Como casi todo en este viaje, el paseo por el bosque no fue lo que esperábamos: un paseo llano, sin sobresaltos, algo frío por la umbría propia del bosque, una senda bien delineada, clara y seca entre hayas, robles y musgo, y el sosiego del paseo que dejaría lugar para una agradable conversación. Pero no fue así. La belleza del bosque nos sorprendió, pero también nos sorprendió la intransitibilidad del camino: barro y hojas mojadas de castaños, piedras movedizas, terreno farragoso, riachuelos de agua cortando el camino, troncos atravesados en la senda. El agua ganaba terreno a la senda y nos dificultaba el paso. Pero merecieron la pena las acrobacias y malabares que tuvimos que hacer para sortear todos los obstáculos que colocó el agua en las sendas del bosque. Bastaba con levantar la vista y mirar a nuestro alrededor para olvidarnos de las acrobacias y de los pies mojados y reconocer que gracias al agua el bosque pudo mantener su morfología, sus colores y su exuberancia. La luz se agotaba, había que salir del bosque pronto. De nuevo, tuvimos cierta sensación de prisa.

La luz y el paseo terminaron y con ellos terminó el día. A pesar de que sólo eran las seis de la tarde, el día 3 parecía no poder ofrecer más sorpresas. Quedaba pasar la frontera cántabro-palentina, dejar atrás Cantabria y volver a Palencia. Intuíamos que iba a ser un viaje largo, ¿una hora, dos horas?, nos llevamos al autocar los pies mojados, el cansancio y una digestión a medio hacer. Afortunadamente, pudimos parar en Reinosa para tomar una infusión, un café, ir a la misa de los sábados en la iglesia de San Sebastián, mirar escaparates, querer comprar unos buñuelos, buscar las causas del llamado Síndrome del Camino de Santiago o escuchar al río Ebro. Pero Reinosa no fue más que un alto en el camino, pasajero y efímero, nuestro destino era Cervera del Pisuerga.

Sábado noche

Recapitulemos: en el día 1 unos cuantos se aventuraron en la noche cerverana. Al día siguiente, no repitieron. En el día 2 fueron otros los que quisieron darse a los placeres nocturnos. Decidieron no repetir. ¿Qué hacer? Un encuentro social en el hall de hostal, nosotros solos, sin la presencia distorsionadora de la noche cerverana. Disfrutamos de “vulgares cocacolas”, de conflictos generacionales, de asociaciones contradictorias como la “envidia sana” (!), de palabras improvisadas con ritmo, sentimiento y musicalidad. ¿Qué más se pudo pedir a la noche cerverana? Nada. Aquí terminó el día y la noche del día 3.


Fin del día 3

PS1: Sólo hay dos fotos en el relato del día. Una de ellas es de un rincón que poca gente vio y la otra es la única aparición de las personas que estuvieron allí presentes y a las que deliberadamente no he mencionado a lo largo de la crónica de este viaje. Sirva esta fotografía como mención y reconocimiento a estas personas.

PS2: No sé bien el motivo de que me ha llevado a no poner más fotografías. Quizás sí sean necesarias.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Día 2

De minas, iglesias románicas, monasterios cistercienses, más iglesias románicas y de algunas personas.

La mina museo y el museo minero

El día comenzó con la visita a la mina museo de carbón en Barruelo. Esta visita fue como una isla dentro de las actividades programadas. No entra ni en el románico ni en la naturaleza. A primera vista, una visita a una mina museo y después a un museo minero puede parecer una actividad de “relleno”, más si además el bar de al lado de la mina está cerrado. No fue así. La visita a la mina fue de lo más interesante del viaje. Algo que quizás muchos no esperábamos.

Nos adentramos en la mina, con visita guiada. Nos explicaron el sistema de entibación y posteo (creo que este era el término), de galerías, del precario equilibrio de fuerzas, gases y tierras que existe dentro de la mina, y que el hombre debe mantener. Parece sencillo, extraigo de aquí, posteo y relleno para seguir por acullá. Pero el precio de tal sencillez es demasiado alto, un esfuerzo sobrehumano en unas condiciones infrahumanas. A medida que descendíamos por las galerías y nos descubrían el trabajo en la mina y las entrañas (superficiales) de la mina se nos iba encogiendo el corazón, tan solo de intentar imaginar lo que supone el trabajo del minero. También, a medida que progresábamos por la mina, el discurso del guía nos iba hipnotizando. Mostraba un dominio de la técnica, de materiales y estructuras propio de un experto, y a su vez uno se estremecía cuando describía el trabajo del picador, el del conductor de la vagoneta, o las precauciones y medidas de seguridad que habían de tomar. Se podían adivinar sutiles matices en su discurso: la ironía, el escepticismo e incluso cierto distanciamiento del que ha trabajado unos cuantos años en el inframundo. De la mina, no hay fotos.

De la mina museo, nos dirigimos al museo minero, pedagógico y a veces curioso, como tantos otros museos temáticos y locales. Tampoco hay fotos de esto. La autoridad pertinente (cuya identidad ignoro) prohíbe la reproducción fotográfica parcial o total de la mina-museo y del museo-mina de Barruelo.

A lo que vinimos, a ver el románico palentino

Después del paréntesis minero, tuvo lugar la inmersión al románico. Intencionadamente o no, el viaje al románico tuvo dos lecturas: la lectura retrospectiva que nos lleva a conocer las técnicas arquitectónicas, la iconografía y simbología del románico y que quizás nos acerque un poco a la época; y una lectura actual, donde conocimos las circunstancias de Belarmino, de las monjas del monasterio de San Andrés o del señor X, dueño y señor de una señora iglesia románica.

El primero contacto con el románico lo tuvimos en Revilla de Santullán de la mano del Señor Belarmino que nos abrió las puertas del sagrado templo de San Cornelio y San Cipriano, que no se deben confundir con San Cosme y San Damián. El señor Belarmino representa algo más que el señor que cuida una iglesia. Es el señor que en invierno se queda solo en su pueblo y que necesita el tractor para ir a comprar el pan al pueblo de al lado. El frío y la soledad del invierno, en todos sus sentidos, ¿otro azote a nuestras conciencias de ciudad? También es la persona que cuida la iglesia, que la ordena y que la mantiene, y a pesar de todo -y según traslucían sus palabras- no parece que sus actos reciban el agradecimiento y la consideración de una institución que dice apoyarse en la gratitud y la caridad. Pero, ¿qué tiene de especial el templo de San Cornelio y San Cipriano? No puedo dar respuesta satisfactoria a esta pregunta. Quizás sean sus siete arquivoltas, sus elaborados trabajos en la piedra o el insólito Miguel firmando su obra.


La mañana ha terminado, hay que comer rápidamente para aprovechar las pocas horas de luz que permite el invierno y que las altas instituciones se encargan de acortar aún más en aras de un supuesto ahorro energético. Después de comer, nos espera el Pantocrátor y Salomé después de pedir la cabeza de San Juan en la iglesia Y, sita en Z.



Y una vez que nos hubimos entregado a los sinuosos bailes de Salomé y su compañera, nos pusimos rumbo a la Real Abadía Cisterciense de San Andrés de Arroyo. Este monasterio nos mostró un románico tardío, o un gótico temprano. También nos mostró a un personaje curioso, la señora monja que nos atendió. ¿Podríamos extrapolar todas sus características a la institución que representa? “Señores, no están permitidas las fotografías, guarden sus cámaras”. “Señores, esto es precioso y simétrico, ¿les gusta, verdad?”. “Asomen la cabeza por aquí”. “Acérquense”. “Aléjense”. “Señores, aquí hay 14 personas y han pagado 12, ¿quién falta por pagar?” “Paguen aquí y ahora”. Del interior del monasterio cisterciense de San Andrés tampoco hay fotos, la institución pertinente (de sobra conocida) se reserva el derecho de reproducción fotográfica.





Nos dirigimos entonces a la iglesia de Santa Eufemia (Cozuelos) en una carrera a “contraluz”. Allí, nos encontramos con el señor X, dueño, amo y señor de la iglesia, tan orgulloso de ella como el artista de su creación. Su dueño, amo y señor se prodigó en piropos para su amada creación: el ábside, la originalidad del altar, los ovillos a los pies de las columnas, las imágenes del s. XIV, el motivo ajedrezado de los frisos, las esbeltas proporciones de la iglesia, de su labor de conservación. Habló con tanto afecto de su templo, que recuerdo a Santa Eufemia como una iglesia muy femenina, algo coqueta y sobre todo muy cercana. Son pocas las ocasiones en las que se pueden observar las imágenes talladas de los frisos de las columnas a menos de un palmo de distancia. Apto para miopes y para fotógrafos compulsivos.








La luz solar se está agotando pero aún quedaba una iglesia por visitar, la Q. Cuando llegamos, apenas había luz. Nada pudimos ver del interior y poco pudimos apreciar del exterior. No apto para miopes ni para cámaras digitales de bolsillo.

El final del día

Terminan las actividades del día. Es hora de que cada cual haga lo que quiera: recapitular lo visto, imaginarse lo que queda por llegar, no mirar atrás ni adelante, meditar, estirar los músculos, pensar, respirar hasta la hora de cenar.

El día 2 bien podría haber acabado aquí. Pero algunos decidieron que aún el día 2 podía ofrecer la noche. Y a eso nos decidimos y con eso nos topamos, con la inefable noche cerverana.

Fin del día 2.

PS: Si alguien sabe los valores del señor X, la iglesia Y sita en Z y la iglesia Q, por favor que lo comunique.

martes, 13 de noviembre de 2007

En la frontera Palencia-Cantabria

Itinerario: Madrid-Palencia-Cantabria-Palencia-Madrid
Inicio: 01/11/2007
Retorno: 04/11/2007

Resumen de este viaje, lo que hicimos, lo que fotografiamos, lo que dijimos, lo que nos gustó más y lo que nos gustó menos, lo que comimos y lo que quisimos comer (esos buñuelos que algunos buscaron desesperados y que no encontraron ni en Reinosa), el paso por la terrible frontera entre las dos comunidades autónomas que visitamos, las acrobacias y malabares que tuvimos que hacer para poder transitar por distintos tipos de paisajes (paisajes lunares, paisajes frondosos y acuosos y paisajes ásperos, principalmente), minas y literatura cosificada en una casona

Día 1.

De autobuses, tránsitos y paseos para estirar las piernas en el día de todos los santos.

Como cualquier primer día de cualquier viaje, el día 1 constituye un tránsito entre la oficiosidad y la ociosidad, entre lo conocido y lo menos conocido. Las agencias los diseñan como una introducción o resumen de lo que conforma el grueso del viaje. Durante el primer día de cualquier viaje que se precie, siempre se está algo desafinado y desubicado. Ya no estamos en Madrid, estamos en Palencia, el clima, el paisaje, la comida, las comidas e incluso nuestra indumentaria es distinta a lo habitual. Parecemos otros y hasta que no pasa este primer día de tránsito, no empezamos a ser nosotros.

No hay mucho que decir sobre el viaje de ida. El autobús es un viejo conocido, una parada técnica para tomar un café un donut de azúcar y rumbo a Alar de Rey. Allí pudimos ver el inicio del Canal de Castilla, paradigma del ingenio español: dinero, ingenio e ingeniería sin oficio ni beneficio. Tampoco el turismo tres siglos después ha podido rentabilizar tal inversión.



Después de un fabuloso ágape al aire libre, comenzamos la primera marcha de la jornada. Se trata de una marcha simbólica: la primera marcha del primer día, útil para estirar las piernas y dejar atrás la sensación de transición que tienen los días 1 de cualquier viaje. Un paseo fácil por un paisaje lunar de cierto rigor castellano, roto por un conjunto paisajístico formado por una central hidroeléctrica, un río, su bosque de galería y una vía de ferrocarril.


El día 1 no termina con el paseo lunar. Puesto que este viaje se compone de dos principios fundamentales, naturaleza y cultura, la próxima parada tiene que ser inexcusablemente una visita al Románico en general, no a una iglesia, una espadaña, un cimborrio, arquivolta, ajedrezado, ábside, nave, pilar, escultura o imagen concreta, sino a la suma de todas ellas, de lo que hay detrás de las iglesias y monasterios que más tarde habremos de visitar. Para ello, nada mejor que el Centro de Interpretación del Románico en Aguilar de Campoo, una guía muy pedagógica y veloz y un audiovisual muy icónico y simbólico.

Aunque parezca lo contrario, el día 1 aún no ha terminado: aún quedan por descubrir otros dos leitmotiv del viaje: un cruzar el Pisuerga varias veces al día y un cenar opíparamente en el hostal Peñalabra. Solo entonces, el día 1 ha cumplido su función transitoria, introductoria y condensadora.

PS: Algunos, no todos, deciden que el día 1 no puede acabar sin salir por la noche. Entonces pasó lo que pasó … no se puede madrugar, trasnochar, caminar, pensar, y todo a la vez!

Fin del día 1. El día 2 es completamente distinto.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Hayedo de Tejeda Negra y Pueblos Negros.








Los pasados dias 28 y 29 de Octubre, nos reunimos para pasar un soberbio fin de semana en Guada, visitando los Pueblos Negros y el Hayedo de Tejeda Negra.


Disfrutamos de la naturaleza (hasta jartarnos!!!), de la gastronomia ( y como !!!!), de la arquitectura rural y de una increible "Queimada" realizada por nuestro brujo de sobremesa y tremendo fotógrafo Miguel Angel !!!!!.


Debemos dar nuestro especial agradecimiento al inefable Pedro, que como un mago de la logística nos dejó anodadados con su maravillosa organización y un poco "rilados" con la subidita al ......... de la Bernarda (rellenar a gusto de cada cual !!). Muchas gracias tambien a Bea, cuya actuación como guia y asesor logístico fue inapreciable.


Un apartado especial se merecen nuestros vecinos en la casa rural que como autenticos "hijos de la gran Bretaña", nos ofrecieron una amplia variedad de lamentaciones a destiempo (the baby is sleeping !!!), juegos de habilidad (atreveté a pasar por una puerta cerrada con llave) y demostraciones de como mantener la compostura, pero no la verticalidad, cuando estas completamente "cocido".


Finalmente, debemos mencionar la visita a Tejeda Negra. Un lugar bellisimo y misterioso. Pedro, tenias razón en lo bonito que era, pero no es el más meridional de Europa .... ehhhhh ?????. :)


En fin, una experiencia inolvidable y que esperamos volver a repetir .....
Si quereis ver más fotos, ir aquí: http://www.flickr.com/photos/20739908@N08/sets/