Inicio: 01/11/2007
Retorno: 04/11/2007
Resumen de este viaje, lo que hicimos, lo que fotografiamos, lo que dijimos, lo que nos gustó más y lo que nos gustó menos, lo que comimos y lo que quisimos comer (esos buñuelos que algunos buscaron desesperados y que no encontraron ni en Reinosa), el paso por la terrible frontera entre las dos comunidades autónomas que visitamos, las acrobacias y malabares que tuvimos que hacer para poder transitar por distintos tipos de paisajes (paisajes lunares, paisajes frondosos y acuosos y paisajes ásperos, principalmente), minas y literatura cosificada en una casona
Día 1.
De autobuses, tránsitos y paseos para estirar las piernas en el día de todos los santos.
Como cualquier primer día de cualquier viaje, el día 1 constituye un tránsito entre la oficiosidad y la ociosidad, entre lo conocido y lo menos conocido. Las agencias los diseñan como una introducción o resumen de lo que conforma el grueso del viaje. Durante el primer día de cualquier viaje que se precie, siempre se está algo desafinado y desubicado. Ya no estamos en Madrid, estamos en Palencia, el clima, el paisaje, la comida, las comidas e incluso nuestra indumentaria es distinta a lo habitual. Parecemos otros y hasta que no pasa este primer día de tránsito, no empezamos a ser nosotros.
No hay mucho que decir sobre el viaje de ida. El autobús es un viejo conocido, una parada técnica para tomar un café un donut de azúcar y rumbo a Alar de Rey. Allí pudimos ver el inicio del Canal de Castilla, paradigma del ingenio español: dinero, ingenio e ingeniería sin oficio ni beneficio. Tampoco el turismo tres siglos después ha podido rentabilizar tal inversión.
Después de un fabuloso ágape al aire libre, comenzamos la primera marcha de la jornada. Se trata de una marcha simbólica: la primera marcha del primer día, útil para estirar las piernas y dejar atrás la sensación de transición que tienen los días 1 de cualquier viaje. Un paseo fácil por un paisaje lunar de cierto rigor castellano, roto por un conjunto paisajístico formado por una central hidroeléctrica, un río, su bosque de galería y una vía de ferrocarril.
El día 1 no termina con el paseo lunar. Puesto que este viaje se compone de dos principios fundamentales, naturaleza y cultura, la próxima parada tiene que ser inexcusablemente una visita al Románico en general, no a una iglesia, una espadaña, un cimborrio, arquivolta, ajedrezado, ábside, nave, pilar, escultura o imagen concreta, sino a la suma de todas ellas, de lo que hay detrás de las iglesias y monasterios que más tarde habremos de visitar. Para ello, nada mejor que el Centro de Interpretación del Románico en Aguilar de Campoo, una guía muy pedagógica y veloz y un audiovisual muy icónico y simbólico.
Aunque parezca lo contrario, el día 1 aún no ha terminado: aún quedan por descubrir otros dos leitmotiv del viaje: un cruzar el Pisuerga varias veces al día y un cenar opíparamente en el hostal Peñalabra. Solo entonces, el día 1 ha cumplido su función transitoria, introductoria y condensadora.
PS: Algunos, no todos, deciden que el día 1 no puede acabar sin salir por la noche. Entonces pasó lo que pasó … no se puede madrugar, trasnochar, caminar, pensar, y todo a la vez!
Fin del día 1. El día 2 es completamente distinto.
2 comentarios:
Y que pasó el dia 2 ?????. Nos tienes a todos mordiendonos las uñas, mientras esperamos la continuación de la narración. Es tan vívida que me ha hecho recordar un montón de cosas que el "Eisenhower" ya me habia hecho olvidar .... sigue, porfa, porfa, porfa !!!! :)
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