Hasta el momento, la etiqueta “montaña palentina” me parecía más bien un reclamo turístico que un área con verdadero interés paisajístico. El paisaje palentino es sobrio y austero, como el paisaje lunar del día 1, roto por los bosques de galería, estrechos y efímeros, como los oasis en el desierto. Así, habían pasado ya tres días y aún no había percibido la presencia de la llamada “montaña palentina”, solo se percibía la austeridad castellana y esteparia del paisaje palentino. Fue durante el día 4, el último del viaje, cuando la llamada montaña palentina se dignó a mostrarse. Unos vieron una montaña de bosques esplendorosos, mientras que otros vieron la continuación del paisaje estepario en la montaña nada más que poblado de árboles de ramas desnudas y nudosas.
Pudimos observar, apreciar o criticar la montaña palentina durante la ruta a la Fuente del Cobre, donde se supone que nace el río Pisuerga, aquel que cruzamos una y otra vez durante estos cuatro días aunque no lo haya mencionado nada más que una vez. Fue una marcha bastante heterogénea, por caminos de tierra, campo a través, por senderos cubiertos de las hojas recién caídas, todo ello con un desnivel de unos 400 metros, concentrado en los últimos 500 metros. Decían que se respiraba un aire muy limpio. Llegamos a la Fuente del Cobre o, lo que es lo mismo, la cueva donde nacen unos hilitos de agua, que curiosamente apenas se veían pero sí se oían. Después de la cueva, hubo que desandar lo andado: un pronunciado desnivel descendiente (¡cuidado con las rodillas!), un manto resbaladizo de hojas caducas, un paseo por los prados donde pastan tranquilamente vacas castellano-leonesas (¡pues no solo va a haber vacas en Asturias!), y un largo camino de tierra sin apenas dificultad.
La marcha terminó, la mañana también y aunque aún quedaba una iglesia por visitar, se podía dar por terminado el viaje del puente de todos los santos. Solo quedaba comer y regresar.
No voy a decir mucho sobre el regreso, puesto que cada persona vive el acto del regreso de una manera distinta. Unos no quieren llegar nunca, otros, en cambio, desean llegar enseguida. Regresar es una vivencia muy íntima.
FIN DEL DÍA 4, DEL VIAJE Y DE ESTA CRÓNICA
2 comentarios:
Que forma tan encantadora de narrar esta escapada a la montaña palentina, al terminar el relato, como si de un imán se tratara, buscas el día 1 de nuevo, y el 2, y vuelves a leer todo lo anterior, como si quisieras volver a recordar donde estuviste varias veces y cada una de ellas de manera diferente, con compañías diferentes, con ambiciones diferentes, y pase lo que pase con tu vida, la montaña seguirá estando ahí, y el otoño, se abrirá paso, en un mes como este, o en el próximo si el verano se alarga por egoísmo humano, pero las generaciones venideras tienen derecho a vivir lo que nosotros sentimos, a poder explicarlo como lo has hecho, con esa claridad, con la limpieza de un cielo azul, sano y lleno de aves.
Espero compartir mas viajes con vosotros, poder fotografiarnos juntos con una sonrisa, esperar con ilusión el día de la partida y poder escribir y leer y compartir y colaborar y sentir y en definitiva, vivir.
Gracias Carolina por estos 4 días de palabras mágicamente combinadas y por crear este pedazo de mundo que estará para siempre con quienes lo compartimos y rozará de manera mas o menos intensa, a quienes no pudieron estar.
Joooooooo, has puesto el listón tan alto que me temo que la gente se "amilane" cuando les toque a ellos ser los cronistas de futuros viajes !!!!!!!.
En cualquier caso, has hecho un trabajó magnífico que muestra bién a las claras un corazón de "letras" bajo una piel tecnológica.
Por favor, un aplauso para la artista !!!!!!!!!.
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