La mina museo y el museo minero
El día comenzó con la visita a la mina museo de carbón en Barruelo. Esta visita fue como una isla dentro de las actividades programadas. No entra ni en el románico ni en la naturaleza. A primera vista, una visita a una mina museo y después a un museo minero puede parecer una actividad de “relleno”, más si además el bar de al lado de la mina está cerrado. No fue así. La visita a la mina fue de lo más interesante del viaje. Algo que quizás muchos no esperábamos.
Nos adentramos en la mina, con visita guiada. Nos explicaron el sistema de entibación y posteo (creo que este era el término), de galerías, del precario equilibrio de fuerzas, gases y tierras que existe dentro de la mina, y que el hombre debe mantener. Parece sencillo, extraigo de aquí, posteo y relleno para seguir por acullá. Pero el precio de tal sencillez es demasiado alto, un esfuerzo sobrehumano en unas condiciones infrahumanas. A medida que descendíamos por las galerías y nos descubrían el trabajo en la mina y las entrañas (superficiales) de la mina se nos iba encogiendo el corazón, tan solo de intentar imaginar lo que supone el trabajo del minero. También, a medida que progresábamos por la mina, el discurso del guía nos iba hipnotizando. Mostraba un dominio de la técnica, de materiales y estructuras propio de un experto, y a su vez uno se estremecía cuando describía el trabajo del picador, el del conductor de la vagoneta, o las precauciones y medidas de seguridad que habían de tomar. Se podían adivinar sutiles matices en su discurso: la ironía, el escepticismo e incluso cierto distanciamiento del que ha trabajado unos cuantos años en el inframundo. De la mina, no hay fotos.
De la mina museo, nos dirigimos al museo minero, pedagógico y a veces curioso, como tantos otros museos temáticos y locales. Tampoco hay fotos de esto. La autoridad pertinente (cuya identidad ignoro) prohíbe la reproducción fotográfica parcial o total de la mina-museo y del museo-mina de Barruelo.
A lo que vinimos, a ver el románico palentino
Después del paréntesis minero, tuvo lugar la inmersión al románico. Intencionadamente o no, el viaje al románico tuvo dos lecturas: la lectura retrospectiva que nos lleva a conocer las técnicas arquitectónicas, la iconografía y simbología del románico y que quizás nos acerque un poco a la época; y una lectura actual, donde conocimos las circunstancias de Belarmino, de las monjas del monasterio de San Andrés o del señor X, dueño y señor de una señora iglesia románica.
El primero contacto con el románico lo tuvimos en Revilla de Santullán de la mano del Señor Belarmino que nos abrió las puertas del sagrado templo de San Cornelio y San Cipriano,
que no se deben confundir con San Cosme y San Damián. El señor Belarmino representa algo más que el señor que cuida una iglesia. Es el señor que en invierno se queda solo en su pueblo y que necesita el tractor para ir a comprar el pan al pueblo de al lado. El frío y la soledad del invierno, en todos sus sentidos, ¿otro azote a nuestras conciencias de ciudad? También es la persona que cuida la iglesia, que la ordena y que la mantiene, y a pesar de todo -y según traslucían sus palabras- no parece que sus actos reciban el agradecimiento y la consideración de una institución que dice apoyarse en la gratitud y la caridad. Pero, ¿qué tiene de especial el templo de San Cornelio y San Cipriano? No puedo dar respuesta satisfactoria a esta pregunta. Quizás sean sus siete arquivoltas, sus elaborados trabajos en la piedra o el insólito Miguel firmando su obra.
La mañana ha terminado, hay que comer rápidamente para aprovechar las pocas horas de luz que permite el invierno y que las altas instituciones se encargan de acortar aún más en aras de un supuesto ahorro energético. Después de comer, nos espera el Pantocrátor y Salomé después de pedir la cabeza de San Juan en la iglesia Y, sita en Z.
Y una vez que nos hubimos entregado a los sinuosos bailes de Salomé y su compañera, nos pusimos rumbo a la Real Abadía Cisterciense de San Andrés de Arroyo. Este monasterio nos mostró un románico tardío, o un gótico temprano. También nos mostró a un personaje curioso, la señora monja que nos atendió. ¿Podríamos extrapolar todas sus características a la institución que representa? “Señores, no están permitidas las fotografías, guarden sus cámaras”. “Señores, esto es precioso y simétrico, ¿les gusta, verdad?”. “Asomen la cabeza por aquí”. “Acérquense”. “Aléjense”. “Señores, aquí hay 14 personas y han pagado 12, ¿quién falta por pagar?” “Paguen aquí y ahora”. Del interior del monasterio cisterciense de San Andrés tampoco hay fotos, la institución pertinente (de sobra conocida) se reserva el derecho de reproducción fotográfica.
Nos dirigimos entonces a la iglesia de Santa Eufemia (Cozuelos) en una carrera a “contraluz”. Allí, nos encontramos con el señor X, dueño, amo y señor de la iglesia, tan orgulloso de ella como el artista de su creación. Su dueño, amo y señor se prodigó en piropos para su amada creación: el ábside, la originalidad del altar, los ovillos a los pies de las columnas, las imágenes del s. XIV, el motivo ajedrezado de los frisos, las esbeltas proporciones de la iglesia, de su labor de conservación. Habló con tanto afecto de su templo, que recuerdo a
Santa Eufemia como una iglesia muy femenina, algo coqueta y sobre todo muy cercana. Son pocas las ocasiones en las que se pueden observar las imágenes talladas de los frisos de las columnas a menos de un palmo de distancia. Apto para miopes y para fotógrafos compulsivos.
La luz solar se está agotando pero aún quedaba una iglesia por visitar, la Q. Cuando llegamos, apenas había luz. Nada pudimos ver del interior y poco pudimos apreciar del exterior. No apto para miopes ni para cámaras digitales de bolsillo.
El final del día
Terminan las actividades del día. Es hora de que cada cual haga lo que quiera: recapitular lo visto, imaginarse lo que queda por llegar, no mirar atrás ni adelante, meditar, estirar los músculos, pensar, respirar hasta la hora de cenar.
El día 2 bien podría haber acabado aquí. Pero algunos decidieron que aún el día 2 podía ofrecer la noche. Y a eso nos decidimos y con eso nos topamos, con la inefable noche cerverana.
Fin del día 2.
PS: Si alguien sabe los valores del señor X, la iglesia Y sita en Z y la iglesia Q, por favor que lo comunique.
2 comentarios:
Creo que a pesar de mi reconocido "Eisenhower", gracias al libro sobre simbología románica que me compré en Aguilar de Campoó, podré despejar el valor de algunas incógnitas:
Y = Iglesia de San Pedro
Z = Moarve de Ojeda.
Q = Ermita de Santa Cecilia en Vallespinos de Aguilar.
Señor X = Simpático desdentado y buén conocedor de su propiedad .... lo siento, pero el nombre de este peculiar sujeto no aparecía en mi libro !!!.
Estoy deseando ver lo que hicimos el 3er y 4ª dias. Por favor, no nos hagas esperar mucho el fín de esta interesantísima "saga" !!!!! :)
es increible!.....no puedo dejar de leer, bravo! Carolina, por favor sigue escribiendo.... es un placer leeros.
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